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lunes, 7 de noviembre de 2011

mis refugios ya no sirven, porque están vacíos (o el primer amor)

Lo cierto es que caló hondo aquella estrella, mis ojos se acostumbraron a ver lejos y preciso. Las ramas, los árboles, los abrazos, y dedos los tactos, o su voz; que hasta me aprendió a ser antento al oído, y al sueño. Tanto salto de flote, tanto de hondo que ya no es ni hondo, no sé si será de alto, o ancho o de qué, ya no sé que es eso de las dimensiones, de lo lejos o cerca. No sé dónde dejé mi refugio y si supiera lo que es el tiempo tal vez podría decir cuando.

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