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lunes, 4 de marzo de 2013

hacer el amor

Hacer el amor, hacer la mirada, hacer la noche,
hacer un par de sueños y hacer la cama,
hacer el despabilarse, hacer la ducha,
hacer el vestirse,
hacer el volver al cuarto pateando la ropa del hacer el amor hecho en la noche antes de hacer la mirada y después de haber hecho el revolear la ropa;
para hacer la mirada un instante y hacer la mirada a un lado.
Así después hacer otra vez un hacer.

Hacer el desayuno y desayunar el hacer de unos planes;
hacer de unos programas,
que es otro hacer para hacer un plan de huída.

Gente haciendo el hacer,
hicieron en mí el hacer de aprender
a hacer el hacer.

Y ahora que quiero amarte, ahora que quiero deshacernos, me acuerdo que yo sólo sé hacer el amor.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

el no de la dialéctica




Dejé de arar la tierra, porque observarla era más placentero que ararla. Entonces pude dejar de usar herbicidas, porque sin revolver la tierra las semillas de la maleza no vuelven a abrirse. Entonces no necesité más pesticidas, porque donde crecen plantas sanas las plagas no aparecen. Así fue que no volví a tirar fertilizante, porque mi campo se empezó a poblar de microorganismos y la tierra se mantuvo equilibrada.

Dejé mi puesto de trabajo, porque necesitaba relacionarme con las personas y no con la explotación. Dejé mi carrera, porque ya no necesitaba un papél que me consiga un puesto de trabajo. Entonces dejé de fumar, de tomar y comer venenos, porque ya no tenía que evadirme del malestar de trabajar y estudiar para un otro que nunca conocí. Así fue que dejé de preocuparme porque empecé a sentir con mi cuerpo y me poblé con más que palabras sobre la vida.

El mercado sigue intacto, la necesidad histórica está invisibilizada. Dejar de fertilizar porque alguna vez se empezó a arar para sacar un par de yuyos, que rociamos con herbicidas, que nos hicieron necesitar pesticidas, que nos hicieron rociar nitrógeno y fósforo, que ahora se acumula en nuestros ríos y se llenan de algas, que llegan al mar y se vuelve marea roja, que nos hacen ir a pescar más lejos, en aguas más profundas, que nos consumen toda la energía, que reponemos con cultivos transgénicos, que nos destruyen el cuerpo, nos genera dolor y lo evadimos en el consumo de la misma producción que lo generó; esa es la propuesta y voluntad del mercado. Es la propuesta que aceptamos a diario, sin importar nuestros reclamos. El mercado es una peste que se hace fuerte dónde la salud de las personas es débil.

Entonces dejamos, dejamos el estatus en la educación, para eso había que dejar el orgullo, porque donde hay un yo fuerte el amor no crece. El amor nos volvió revolucionarios porque nos relacionamos sin un interés oculto y nos sentimos sinceros. Y en tanta verdad nos sentimos en paz, y la paz nos llenó de energía. Y con toda esa energía aprendí a dejar. Porque en el fondo siempre sabemos lo que tenemos que hacer, solamente que todavía no estamos dispuestos a pagar el precio. Dejar el cine, dejar el churrasco, dejar el trabajo, dejar la 'seguridad' económica, dejar los sueños familiares, dejar la imagen que nuestras amistades tienen de nosotros o dejar el amor de mi madre, siempre hay un dejar que no dejamos y es dónde mueren todas las revoluciones.

Este camino empezó con una declaración de soledad, pero nunca lo fue.

lunes, 7 de noviembre de 2011

mis refugios ya no sirven, porque están vacíos (o el primer amor)

Lo cierto es que caló hondo aquella estrella, mis ojos se acostumbraron a ver lejos y preciso. Las ramas, los árboles, los abrazos, y dedos los tactos, o su voz; que hasta me aprendió a ser antento al oído, y al sueño. Tanto salto de flote, tanto de hondo que ya no es ni hondo, no sé si será de alto, o ancho o de qué, ya no sé que es eso de las dimensiones, de lo lejos o cerca. No sé dónde dejé mi refugio y si supiera lo que es el tiempo tal vez podría decir cuando.

jueves, 20 de octubre de 2011

entre tantas manchas escondía un ojo


Quería salirme del tiempo, de la rutina, de los trabajos, de las familias, de los amigos, de los decires, de todos los escudos y de todas las armas, de todas las memorias; de todos los enamoramientos y de todos los odios, de todos los ejercicios, de todo lo aburrido y de todos los entretenimientos, de todas las subjetividades, de todas las soledades, de todas las formas, de la solemnidad que habita hasta en comprar el pan en la panadería; pararme frente a todas las fuerzas y darles la espalda a todos sus mundos en un salto sin ningún miedo, con la única confianza que da el oído. Quería despedazarme la garganta y el sacro, quería que amar fuera lo cálido y cándido; quería destruir el asfalto y desordenar el adoquín, quería una creatividad sin relojes, quería las palabras que no eran mudas, quería al ser y la verdad escapando de todas las cárceles de papél y a los árboles sin cicatrices. Quería darme, quería darte un darme por completo. Quería elefantes sin cementerios y sin zoologicos y delfines sin collares. Quería que un ojo, un agujero negro o un beso fueran lo mismo, y que todo sea lo mismo. Quería que nada pueda convencerme y saber que lo que quería lo encontré y quería olvidarme que ya no, que se fue.

martes, 6 de septiembre de 2011

Me vuelvo poeta para que sólo la poesía sepa mi nombre.
Elijo una musa sin tiempo.
Con ninguna distancia,
y como puedo sin silencio.
En mí-mente, con su lógica-mi-mente; es un proceso de liberación.
En otro lado en mí-cuerpo revienta en mi pecho,
y mancha con amor a todo mí-mundo.
Curioso es mi lenguaje,
tiran fuertes los nudos de la garganta.
Lo veo en el dibujo que soy,
en el mapa de mi cuerpo.
Hay autopistas entre mi boca
y algunos lugares de mi cabeza.
Lo que me hace feliz es saber que mi poesía sabe su nombre.
Aunque mis labios no sepan pronunciarlo.

martes, 30 de agosto de 2011

miércoles, 26 de enero de 2011

oir el silencioso nombre de la paz.

martes, 2 de noviembre de 2010

sobre educación popular

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Ya entendí, educación popular es vivir con conciencia de educación popular.





Es la piel quien media,
se interpone y nos separa.
O nos une; nos educa.
Y así aprendemos,
oyéndonos, mirándonos,
tocándonos, oliéndonos,
gustándonos..
Aprender. Sentir. Crecer.
Y por fin, y como fin;
sentir crecer.